El panorama para la paz en Colombia

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El país tiene una deuda histórica con las comunidades que por décadas se han visto afectadas por el desplazamiento forzado. Sin embargo, el proceso de restitución ha sido lento. Se calcula que solo entre un 4% y un 8% de los millones de hectáreas pérdidas durante el conflicto han sido devueltas a los colombianos más pobres. Los acuerdos de paz además crearon un fondo de tierras para que las comunidades accedan y formalicen sus parcelas. El futuro de estos dos procesos está ahora en manos del presidente electo. Lo que es muy preocupante, ya que el Centro Democrático, el partido de Duque, representa a los grandes terratenientes y ha sido un crítico constante de la restitución de tierras, y la formalización de los territorios de los campesinos y las comunidades indígenas y afro.

Las zonas rurales, además se verán inevitablemente afectadas por la agresiva política de drogas, de la que Duque se ha pronunciado partidario. El aumento de los cultivos de coca en los últimos años ha atraído fuertes críticas de Estados Unidos, que incluso ha amenazado con desclasificar a Colombia como uno de sus aliados en la guerra antidrogas. Los acuerdos de paz contemplan medias de restitución de cultivos y promoción de la economía rural que todavía no se implementan eficazmente. El nuevo presidente ha amenazado con volver a las políticas de aspersión aérea de glifosato que por años produjeron graves daños al ambiente y a la salud de los campesinos.

El pasado 7 de agosto, Iván Duque tomó posesión como presidente de Colombia. Es el primer presidente del posconflicto. Las poblaciones rurales del Cauca y de todas las demás regiones apartadas del país dependen de sus políticas para prevenir nuevas oleadas de violencia y mejorar sus condiciones de vida. La Colombia rural ya ha pagado el precio más alto en estos 50 años. Duque tiene ahora la misión apremiante de evitar que los colombianos más pobres y vulnerables continúen siendo las principales víctimas de la guerra. La implementación de los acuerdos de paz está en sus manos, y con ella la vida de cientos de líderes comunitarios y defensores de derechos humanos.

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